Suena extraño que un hombre lo diga, no es por ganar adeptas, o por
conquistar a una mujer, es evidentísimo que los hombres, y las mujeres también,
necesitamos satisfacer el impulso sexual, dar rienda suelta de vez en
cuando a los placeres de la carne, ¿porque no? si dentro de
nosotros late el animal instintivo, somos parte del reino de los impulsos,
somos parte de los seres vivos que se multiplican por la reproducción sexual, y
esta nos llama con fuerza.
Pero la prostitución es una transacción de dinero por sexo, no es que me
parezca del todo mal, sobre todo en individuos con dificultad para la empatía o
la fraternización humana, hace las cosas más fáciles, pero la verdad, solo
acaba de hacer al sujeto, una persona aún más aislada, y ¿quién es la
prostituta? un objeto sexual, de placer, de lujuria irrefrenable, pero habrá
quien piensa que lo que debería darse naturalmente y de gratis debe ser
convertido en producto de mercado.
La unión sexual sin ternura ni reciprocidad con otra persona se me
antoja ahora un tanto horrenda, la prostitución es más cercana a la necrofilia,
es poseer un cuerpo en el que no hay signos de alma, digo de alma, porque
vida hay en él, pero no hay conexión emocional con esa persona, ¿quién quiere
tener sexo sin sentirse deseado mutuamente? quien quiere eso de un coito por
conveniencia, a veces pienso ¿soy tan marica de ser el único que piensa de esa
manera ahora? a mí me preocupa el placer de la otra persona, es un requisito
indispensable para mi sexualidad,
Me siento y pienso ¿qué debemos hacer los hombres que necesitamos sexo?
encontrar caminos para usar toda esa energía en algo que no dañe a los demás,
que no nos dañe a nosotros mismos, la prostitución no es una opción para el
hombre que ha evolucionado en el pensamiento...









