Pase usted selecto lector, le contaré un fenómeno
que es común a mis entrañas, era una tarde de Octubre, ella se llama Susana, De
esas regiones cafeteras, de tez canela, ojos rasgados, delgada, con buenos
pechos, y unas piernas que pueden sostener un puente, largas y duras, me mira
con ese desdén típico de la raza orgullosa de las nativas que se saben hermosas
y perfectas, la invité a una copa, a dos, ya no se demora tanto en contestar,
vamos directo hacia un lugar más sereno, hacia el norte de Cali para no parecer
obvio.
Que dicha, estaba ahí con esta mujer increíblemente
bella, esperando todo un espectáculo de Lujuria, así que me dirijo a darme una
ducha, ella se acomoda, mientras me relajo un poco, la paz es interrumpida por Reggaetón
a todo volumen, y me pregunto para mis adentros "¿quién putas puede tirar
con esa basura?" le digo con ese tono apaciguante:
-Cariño no, esa música no...
Le valió un real lo que haya dicho, toda fascinación,
todo erotismo, se había esfumado por los aires "mierda, ya pague esta habitación"
pensé para mis adentros, olvidaba que era una joven de apenas 20 años,
acostumbrada a ese sexo mecánico, plastificado de las actrices porno que se
mueven como un pistón sobre el miembro viril, eso no es placer, eso es
funcionalidad, el erotismo no es funcional, mecánico, se me pasaron las ganas
de cualquier cosa, y ahí estaba con la pachanga a todo volumen, ya disgustado,
pero aun en tono pacifico, le dije:
-Ve, cambia la música, no me pasa esa
lata, se me descongela el Sandi...
-Mi vida, no hay más emisoras, escucha...
Cambio emisora tras emisora, todas tropicales,
puse la televisión, solo novelas, vida puta, cuanto pague por esta mierda de
cuchitril, cambie y cambie canal, me estaba dando por vencido, recordaba las
bellas épocas donde las tímidas contemporáneas pedían baladas, ponían todo a
media luz, y nos tomábamos el tiempo para besarnos y explorarnos, ¿sexo? ya me había
olvidado del sexo, intimidad, quería intimidad, y cuando por fin dejo la tv,
estaba desnuda en la cama, como encontrar una chuleta de pescado en el
refrigerador, sin el placer de haber pescado, sin haberse tomado el tiempo de
admirarle, como odio la desnudez a simple vista, no me dio tiempo tan siquiera
del morbo del botón a botón, me hice al lado de ella en la cama, tenía tantas
ganas de hablar, porque las otras ganas no estaban, todo fue tan pornográfico,
como esas imágenes donde hay 20 personas atrás haciendo las tomas.
Un milagro sucedió en la mitad de la nada,
mientras me poseía y yo me entregaba al placer vacío de su mecánico vaivén,
Gustavo Cerati se atravesó entre JBalvin y Maluma, ¿placer? no le estaba
haciendo el amor a Susiana, la música me estaba llegando a los poros, me olvide
de ella, la luz cambio de foco, los colores se tornaron más vivos, y pude
volver a ser yo! eso si es hacer el amor!!! La música cambio unos minutos después,
pero Cerati fue una eternidad, una hermosa eternidad en medio del infierno de
las prosas maltrechas del rapero analfabeta.
No le tome el número, no quise volver a
saber nada de ella, no le di mi nombre completo, creo que motel y música
van de la mano, tal vez por eso, ni me he casado, ni me casare, no soy capaz de
hacerle el amor a una amante de las pistas electrónicas con imbéciles que se
creen artistas...